
otra noche más
Abril 8, 2009Una tarde libre de todo gris y un escenario presto para dar un giro de golpe a la pragmática vida. Desde mi óptica negra veo cómo se va armando la situación: viejos conocidos en el transporte colectivo, caray, y yo que pensé que ya me había deshecho de ellos. La señora que está a mi lado debería reencontrarse con el cepillo de dientes o de perdida comprarse unas pastillas para el aliento. El viento no se cansa de jugar con mi cabello mientras que el Sol descarga su energía como tratando de recargar las partículas de su territorio. Pero el calor no me agobia sino hasta estar en aquel lugar que por algún tiempo pareció ser nuestra tercera casa (la segund era el Edén): Pabellón Copilco. Música, baile, billar… para completar la escena (y de paso aliviar las descargas solares) nada como el lúpulo de cebada. De momento me parece percibir un leve toque dulce en la fría bebida. El tazón de las frituras quiere engañarme, a veces está lleno y a veces ya no… no es la cantidad etílica sino la temperatura la que me empieza a mermar, necesito aire. Ya afuera, los planes parecen tomar forma… esperamos el transporte y nos vamos (en modo sardina)… Deambulamos un rato en C.U., buscando un lugar para agilizar el exterminio de las caguamas y de paso también de nuestra coordinación motriz. Recorremos facultades y finalmente optamos por asentarnos en Ciencias Políticas. La “bienvenida” no es del todo buena, 2 patrullas de seguridad UNAM están custodiando el estacionamiento… en la explanada ya no hay tanta banda como en mi anterior visita a éste lugar, deduzco que se debe a la presencia de personal de (¿quién creen?) seguridad UNAM que parecen no dar tregua y custodia la facultad. En un último intento por buscar un lugar tranquilo, llegamos a los jardines y todo parece transcurrir normal. Sólo una ronda duró el gusto, ya que la seguridad nos pidió retirarnos de ahí con una amable (pero poco presta para negociar) frase: “Buenas noches jóvenes, no pueden tomar dentro de la Facultad. Se retiran por favor”… no cabe duda, el último bastión para chelear (dentro del campus) ha caído. Regresamos a la explanada, nos asentamos en 2 mesas y decidimos abrir otras caguamas, ésta vez, muy discretamente. Un par de llamadas y esperar… esperar entre risas, sombras, comentarios de toda índole. Pasan lo de seguridad, no nos ven… sacamos las botellas de nuevo. Veo que el Ángel y el César van al baño, los acompaño pues desde que estábamos en el billar tenía ganas de orinar. No conocemos muy bien ésta facultad, pero buscamos y encontramos un edificio que bien podría ser del INFONAVIT (tienen la misma arquitectura) totalmente vacío… al parecer. Ya para salir de los baños me percato de la curiosa soledad de aquel lugar, todo está abierto: baños, oficinas, etc. pero no se ven indicios de vida. Entonces nos acordamos ya muy tarde de aquella idea de orinar en un lavabo previamente tapado, intentamos ver si podemos sacar algo de la máquina de refrescos o de café… imposible sin hacer demasiado ruido, pero Ángel demuestra su lado hooligan y propone romper el espejo del baño. Con sus llaves en la mano le da un certero golpe al cristal y quedamos confundidos al ver que ni siquiera se rayó. “Ya no los hacen como antes” pensé… pero Ángel no se da por vencido y vuelve a acertar otro golpe al espejo con el mismo resultado. El ruido de los golpes hace eco en todo el edificio y desde afuera se alcanza a escuchar también. Yo me salgo a ver si no hay nadie… César y Ángel insisten en lograr su cometido. Después de un par de minutos se escucha un estruendoso golpe, veo salir al Ángel corriendo y yo hago lo mismo. Como llegué primero a las bancas donde estábamos, de lejos veo a ésos 2 engendros acercarse, tratando de disimular y pasar desapercibidos, sobre todo el César que se cayó en las escaleras al huir corriendo. Por fin, llegó el momento: nos vamos. La cita está concertada, agarramos nuestras cosas y nos encaminamos rumbo al coche de Uriel. Nuevamente emular el tetris para acomodarnos todos adentro. Ahora sí, nos vamos hacia un destino que me es (incluso hoy) desconocido. Insurgentes es un desfile de luces de color… sonido y olor… vamos por ése río luminoso buscando algo que no sabemos qué es. “Huevos” nos pinta una dama en la acera, después de que alguien le tomara una foto, mientras que el señor del otro coche nos ve con ojos de desaprobación por que no faltó quien sacara los pies (sin tenis) por la ventanilla. Recordando nuestras excursiones de la primaria, saludamos a los pasajeros del metrobus… ellos nos miran absortos. César no deja de gritar desde la cajuela… tratamos de avisarle cada que pasemos por un tope pero el bullicio nos nubla la conciencia (memoria incluida)… Adelante tratan de ponerse de acuerdo y encontrar la dirección correcta de nuestro destino, a mi nuevamente me falta el aire. Esto ya lo he vivido… sí, fue hace un par de años, pero el camino era distinto, claro… íbamos por Río Churubusco rumbo a la Agrícola Oriental, pero de aquella vez sólo 2 “sobrevivientes” (Ángel y yo) íbamos ahora sobre Insurgentes rumbo a la colonia Roma… más cerca, es cierto… sólo espero que la próxima lo sea aún más. Hacemos una escala antes, algunos tienen que orinar y recurren al mingitorio público (la banqueta)… pero nuestra presencia nunca pasa desapercibida y los vecinos salen a ver qué relajo hay en la calle. Del edificio de enfrente salen unos 6, sólo nos observan. Para no volver a la tortura de acomodarnos dentro del coche otra vez, unos optamos por caminar dada la cercanía del lugar hacia donde íbamos, mientras que los demás se adelantaban en la nave. Ya en el lugar hacemos una rápida organización/coperacha… alguien nos avienta una papa del edificio de Marcela, no se ve ningún culpable de ése gran telón de ventanas. Mike avienta la papa a un punto indefinido de ése telón… Nos dirigimos ahora hacia el oxxo (siempre el oxxo), compramos botana y chelas. Ahora nos internamos entre aquel conjunto de unidades que son tan contrastantes como armoniosas. La extraña arquitectura de los conjuntos habitacionales me hace pensar que estoy en otro país. Cruzamos el estacionamiento, otro edificio y una gran explanada que hace las veces de “canchas”´así como varios grupitos de alcohólicos que acompañan la noche. Elegimos el punto más distante, la esquina de aquella mole de departamentos. Después de abrir unas ‘elodias’, me empieza a saltar una curiosidad por aquellos edificios de tan singular y monumental forma (de altura son el doble de mi edificio o poco más). Le digo al Ángel que exploremos el lugar, pero para nuestra mala fortuna no hay elevador (a la vista) así que es hora de poner a prueba nuestra condición física y chutarnos las escaleras. Otra ves me falta el aire… comparo el nivel en que estamos con el edificio de enfrente y veo que faltan alrededor de 2 niveles más (4 escaleras más)… cuando pensé que nunca terminaríamos de subir por fin llegamos al último piso. Algo que noté fue el extraño silencio que reina en aquel lugar… en el último piso, no se oye mas que el silbar del viento. Miro por el barandal y el vértigo hace acto de presencia, una caída desde ahí es mortal… no quiero ni imaginarme cómo se ha de sentir durante un temblor. Seguimos explorando el edificio y no hay señales de vida, incluso los mismos departamentos parecen estar abandonados. Pareciera que estamos en algún escenario surrealista de Andrjez Zulawski, las fachadas de los departamentos me recuerdan a los mismos conjuntos habitacionales de la Alemania de la guerra fría (véase la película Possession). Caminamos y caminamos por los pasillos y el edificio se va expandiendo, mas bien parece un laberinto de pasillos que no sabemos dónde acabe… otra cosa que me llama la atención es un perro que vaga en aquel último piso, solo y al parecer indiferente a nuestra presencia. Los elevadores ya muy viejos no funcionan, se ve que dieron buen servicio pero ahora sólo eran un adorno más en ésa “ciudad unidad”. Preferimos regresar, ya habían empezado el baile y las chelas seguían frías. Aparece un clon del mismísimo changoleón que nos saluda gustosamente. Cotorreamos un par de minutos con él y se retira tras tomarse una cerveza. Para adornar aún más la noche, los aviones desfilan en un cielo despejado, se ven muy cerca… Ya casi es media noche, algunos tienen que retirarse, pero de repente surge otra propuesta. Es entonces cuando todo el grupo se divide, unos emprenden la caminata hacia metro Zapata y otros nos subimos nuevamente al coche para dirigirnos ésta vez a Milpa Alta. Tomamos Eje 8 rumbo a calzada de Tlalpan, el alcohol empieza a hacer efecto (ahora sí), y nada mejor para ambientar la escena que el Dark Side of the Moon de Pink Floyd. El disco empieza a correr y salta a mi mente la imagen del Foro Sol esperando a que inicie el concierto de Roger Waters… hermosa noche aquella, despejada al igual que ésta y con una suave brisa…, si, una brisa que vuelve a jugar con mi cabello. Vamos con la tía del César a Santa Úrsula por unas quesadillas, pero al llegar al lugar vemos que ya recogió el puesto, la esquina está vacía totalmente. Nos detenemos en la esquina de enfrente pues algunos deben hacer uso nuevamente del mingitorio público. César (consiente o inconscientemente) riega el interior de un patio, no tardó en salir un sujeto por la ventana: -“Oye no te pases de verga, ¿por qué te orinas en mi patio”… -“vámonos ya, súbanse”, les decimos el Mike y yo a los demás, la noche se ha tranquilizado y no queremos echar pleito ésta vez. Hacemos una última escala en (adivinen) un oxxo. Ésta vez, aparte de chelas y botana compramos una botella de tequila. Ahora sí, tomamos calzada México-Xochimilco y seguimos nuestro camino. Cruzamos Periférico y la escena me parece familiar… malditos recuerdos, no ahora. Para no variar, nuevamente se pide el uso del mingitorio público, pero ésta vez pasa otro vehículo y le grita algo al Uriel, César les mienta la madre y el coche se detiene. El primo del Uriel se regresa a avisarnos al Mike y a mí que hay pedo. Vamos corriendo pero los otros sujetos se han retirado ya sin mayor percance. Poco antes de llegar, pasamos al mirador de San Lorenzo… la vista está genial, el paisaje hace olvidarse de los fríos vientos que azotan el área. Al estar frente al manto de luces me acuerdo de ti… de lo que es y no, de un camino u otro. Trato de recordar cómo es que empezó todo pero me es imposible de momento. Para mi mala suerte (si es que existe la suerte) todo se dio de un modo muy formal y un tanto fragmentado. Entonces decido mandar un mensaje de celular, con ello se me va lo último que me quedaba de saldo y de todo lo demás. Veo mi reloj y es la 1:07am, vuelvo la vista hacia el paisaje, cierro los ojos por un momento y respiro el aire frío… siento cómo una leve sonrisa se dibuja en mi rostro.
Jajaja, no manches…. me imagine tu hermosa cabellera, volando en el transporte publico jajja junto a la vieja hedionda…. jaja k cagado y lo de al ultimo me imagino ya bien pedo, sonriendo jajjaaj . Ah si por cierto a que hora se lavaron las manos, con tantas idas a miar eh? Malditos…. les va a dar influenza….. JAJAJJA
No ma… quien haya escrito éso es casi casi un poeta… es más genial que salvador novo y octavio paz juntos.
Pinchi mike, ésa vez (con todo y cuchillos y “pégames”) estuvo chingona… yeah
Saludotes
Por que no fuiste al cumple del hugo eh? estuvo padre, has de ver estado echando la hueva, como no te gusta!!!! Haber cuando se me hace otra ves verte eh? SALUDITOS y ahi nos estamos viendo en los blogs, luego escribes ya te tardaste. BESOS
pues la neta si fué por eso me dió flojerooota
estaba bien jodido hija
y si a ver cuando nos vemos tu dime cuando las chelas y todo =)
Al leer esta entrada en tu blog, Sentí de golpe la impresión (que según los psicólogos corresponde a los estados de fatiga) de haber vivido ya aquel momento. No sólo por que en verdad viví parte de lo que cuentas, sino por que ya había leido eso.
Que estafa¡¡¡ un saludo para el 2mil.